Afiliación

AFILIACIÓN

No te confundas. La utilidad contable no garantiza la continuidad… el flujo si

Muchas veces, los dueños de empresa caen en una trampa común: celebrar utilidades contables que nunca llegan a la caja… ni mucho menos al bolsillo.

¿Por qué ocurre esto?

Porque las utilidades que ves en el estado de resultados son, en la mayoría de los casos, un reflejo contable. No representan dinero disponible para pagar sueldos, proveedores o invertir en crecimiento. Solo el flujo de efectivo real te permite cubrir tus compromisos y respirar tranquilo.

A pesar de esto, en muchas pymes, el enfoque contable sigue estando centrado en métricas como el crecimiento de ventas, la utilidad bruta y la utilidad neta. Y se le da muy poca importancia al análisis del balance general, que es justo donde se esconde la verdad sobre la salud financiera del negocio.

Ahí están las cuentas por cobrar, los inventarios, los pasivos, los créditos a proveedores, y por supuesto, la caja. Ahí está el flujo de efectivo.

Cuando una empresa crece en ventas, tiene márgenes razonables y presenta utilidades “adecuadas” pero no tiene dinero en caja ni capacidad de financiamiento, lo que ocurre no es crecimiento… es fragilidad operativa.

En el mejor de los casos, eso lleva a la changarrización del negocio. En el peor, al colapso.

¿Qué puedes hacer si ya estás en esta situación?

Te comparto una recomendación práctica: a partir de ahora, exige a tu contador o responsable financiero que tu presupuesto no solo contemple ventas y utilidad neta, sino también:

  • Cuentas por cobrar
  • Inventarios
  • Cuentas por pagar a proveedores
  • Caja disponible
  • Créditos o financiamientos contratados

Con esta información podrás estimar cuánto flujo de efectivo estás generando por cada 10 millones de pesos vendidos. Y a partir de ese análisis, tomar decisiones de crecimiento no solo con base en la oportunidad de mercado, sino en tu capacidad real para sostenerlo financieramente.

Porque el crecimiento adecuado —y la velocidad a la que crece una empresa— no debería depender únicamente de las oportunidades del mercado, sino de la capacidad financiera real que tenemos para generar dinero y, sobre todo, mantener una buena calidad de vida.

De lo contrario, el precio puede ser alto: una empresa atrapada en el drama constante… y un dueño viviendo con angustia permanente.

Armando Domínguez

Fundador de BoardMedia, Consejero en Profesionalización

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